No me gusta alarmarme, pero esta mañana que escuché que los japoneses arrojarán toneladas de agua radioactiva contaminada en la planta nuclear de Fukushima me puse en alerta.
Estoy en Mazatlán, famoso puerto en el oceáno Pacífico, por lo que si algo malo ocurre por culpa de los científicos nipones, y viaja con las aguas, me tocará directo.
Si la historia, contada por el cine, nos ha enseñado algo, es que en estos momentos un animal está mutando para convertirse en la pesadilla de lo que se atraviese en su camino. Intentará aplastar los pequeños puertos pesqueros hasta llegar a las grandes urbes y magnificar su destrucción.
Aún no sabemos a qué tipo de organismo debemos temer: una iguana, un lobo marino, una medusa o un camarón gigante.
Hay esperanza.
Lo bueno es que en México estamos preparados para combatir al monstruo.
Y no hablo del Ejército o las fuerzas policiacas. Me refiero a los narcotraficantes, quienes ya cuentan con arsenales de lo más avanzado en armamento, bazookas, miles de ametralladoras AK-47 y R-15, tienen sus tanquetas civiles llamadas Hummer y un nulo valor de su vida que es la envidia de cualquier grupo mercenario en el mundo.
Estamos listos, los principales puertos del Pacífico mexicano están ocupados por narcotraficantes, militares y policías. Listos para, cuando llegue el momento, unir esfuerzos contra cualquier amenaza radioactiva.
Gracias a los narcos, hoy podemos dormir tranquilos y no preocuparnos por los monstruos gigantes provenientes de Asia.
4.05.2011
2.16.2011
Cómo sería.
¿Se han preguntado cómo sería su vida si hubieran tomado decisiones distintas?
¿Cómo sería quedarse a vivir con tus padres?
¿Cómo sería vivir con quien fue tu novia durante siete años?
¿Cómo sería vivir en esa ciudad en la que siempre quisiste estar?
¿Cómo sería conocer esos lugares a los que no fuiste?
¿Cómo sería hacer todas esas cosas que por alguna razón no has hecho?
De eso se trata, para mí, todo este año.
¿Cómo sería quedarse a vivir con tus padres?
¿Cómo sería vivir con quien fue tu novia durante siete años?
¿Cómo sería vivir en esa ciudad en la que siempre quisiste estar?
¿Cómo sería conocer esos lugares a los que no fuiste?
¿Cómo sería hacer todas esas cosas que por alguna razón no has hecho?
De eso se trata, para mí, todo este año.
12.18.2010
De cuando perdí la fe en la gente
Cada día, nos enteramos de decenas de muertes violentas en todo el territorio nacional.
Ejecutados en los estados del norte, en Morelos o Michoacán. Más de 35 mil en seis años.
Además de los crímenes pasionales, el hombre celoso que ahorca a su espsa y otras historias telenoveleras.
Son nuestros muertos de cada día. Los normales.
Pero, de vez en cuando, en promedio de una vez por mes, nos llegan las "muertes indignantes".
72 inmigrantes centroamericanos masacrados. 6 mujeres quemadas vivas encerradas en una tienda Coppel. 65 mineros que mueren atrapados debido a malas condiciones laborales. El homicidio de la mujer que exigía cárcel para el asesino de su hija.
Historias de ese tipo son las que hacen que miles digan y escriban que están "hartos de vivir en este país", "avergonzados", "con repudio", etcétera.
A mí no me indigna lo que sucede en México, ni me avergüenzo de vivir aquí. Y hay una razón: hace tiempo perdí la esperanza en que la situación mejore.
Pero, mi esperanza no se esfumó como vapor de agua. Hubo una razón y la puedo resumir en una línea:
Si en un país mueren 49 niños y nada cambia, no hay nada bueno que esperar de la gente que vive en él.
Así que cada vez que hay una de estas "muertes indignantes", sólo me divierto al escuchar y leer los comentarios de "repudio" que piden justicia. Es muy fácil quejarse.
Sí creo que este país cambiará y mejorará. Simplemente, no creo que lo hará la generación actual.
Ejecutados en los estados del norte, en Morelos o Michoacán. Más de 35 mil en seis años.
Además de los crímenes pasionales, el hombre celoso que ahorca a su espsa y otras historias telenoveleras.
Son nuestros muertos de cada día. Los normales.
Pero, de vez en cuando, en promedio de una vez por mes, nos llegan las "muertes indignantes".
72 inmigrantes centroamericanos masacrados. 6 mujeres quemadas vivas encerradas en una tienda Coppel. 65 mineros que mueren atrapados debido a malas condiciones laborales. El homicidio de la mujer que exigía cárcel para el asesino de su hija.
Historias de ese tipo son las que hacen que miles digan y escriban que están "hartos de vivir en este país", "avergonzados", "con repudio", etcétera.
A mí no me indigna lo que sucede en México, ni me avergüenzo de vivir aquí. Y hay una razón: hace tiempo perdí la esperanza en que la situación mejore.
Pero, mi esperanza no se esfumó como vapor de agua. Hubo una razón y la puedo resumir en una línea:
Si en un país mueren 49 niños y nada cambia, no hay nada bueno que esperar de la gente que vive en él.
Así que cada vez que hay una de estas "muertes indignantes", sólo me divierto al escuchar y leer los comentarios de "repudio" que piden justicia. Es muy fácil quejarse.
Sí creo que este país cambiará y mejorará. Simplemente, no creo que lo hará la generación actual.
11.06.2010
Aquellas preguntas que le hice al Piporro vía e-mail.
*Respaldo de un texto de 2003.
¿Cómo nació el apodo Piporro y qué significa?
Daré la misma respuesta a la pregunta que me han hecho infinidad de veces - que ustedes ni nadie, tienen la obligación de haberla escuchado antes - y ahora contesto. Así se llamaba el "personaje" que en el radio primero, luego en cine, hice acompañado de Pedro Infante: AHI VIENE MARTÍN CORONA. Todo mundo sabía que Pedro interpretaba a Martín, pero no sabían el nombre del actor que "la hacía" de Piporro por lo que me siguieron llamando y anunciando así. En todos los diccionarios de lengua española se define como Piporro al instrumento musical de voz grave, o botija de vino -No sé qué "me sabrían"-.
¿A qué dedica su tiempo?
A esto, lo otro y lo demás, si algo quedó no contemplado, me doy tiempo y también lo hago.
De sus películas, ¿cuál es la que más lo enorgullece y por qué?
Todas las hice con cariño, unas buenas, otras regulares, pero sinceramente me dió gusto hacerlas.
Actualmente, ¿cuál es su película favorita?
Como los hijos, aunque distintos, a todos los quiero por igual.
Si no hubiera sido actor, ¿qué profesión le habría gustado ejercer?
Fuí tantas cosas antes de ser actor, pero eso sí, al abrazar esta carrera, me permitió ser muchas personas en un solo individuo.
¿A quién admira y por qué?
A todos los que se dedican a esta actividad (actuación). Por ser "otros".
¿Qué libros recomienda?
Primero les pediría que adquieran la afición de leer. Todos los libros nos dicen algo, ajeno o propio.
¿Qué opina sobre el estereotipo del norteño en México?
El Piporro de Martín Corona, el de El Rey del Tomate, El de Torero por un Día, el de El Bracero del año, y el tantas películas, siempre ha sido distintos psicológicamente, sin embargo, hay gentes que tienen ojos y no ven, u oídos que no oyen, por eso aluden al ESTEREOTIPO. Para muchos hay Yucatecos, Norteños, Chilangos...en fin.
¿Qué música escucha actualmente?
Ustedes saben que hay música buena, y bueno...MÚSICA. Me gusta toda la Música, lo que la "afea" son las letras.
¿Cuál es su postura ante los narcocorridos?
Sí ustedes se toman la molestia de analizar los corridos que he interpretado, míos o ajenos, siempre he sido un "dismitificador" de los "héroes" de los mismos. Por los del género que me preguntas, creo que los interesados en hacerlos o escucharlos son otros.
¿Cuál es su opinión acerca de programas como La Academia?
No me atrevo a opinar por que no veo tales "productos".
Es sabido que uno de sus pasatiempos es navegar en Internet, ¿cuántas horas pasa conectado?
Las que puedo.
Cuando chatea, ¿qué nick utiliza?
No "chateo" porque no soy CHATO... ¡pero las huelo! Uso varios para que en la "bola" no se llegue a saber.
¿Todavía le da al Taconazo?
Nunca he sido "bailarín", es más, tampoco "bailador" pero lo que hice intuitivamente me valió, ha habido muchos imitadores "de mis pasitos". Sigo bailando -los ojos de perdido- sólo por darle gusto a quienes me lo piden.
MUCHAS GRACIAS POR SU "INTERVIEW". ¿Me puedo despedir en inglés?... ¡AHI NOS VEMOS RAZA!
¿Cómo nació el apodo Piporro y qué significa?
Daré la misma respuesta a la pregunta que me han hecho infinidad de veces - que ustedes ni nadie, tienen la obligación de haberla escuchado antes - y ahora contesto. Así se llamaba el "personaje" que en el radio primero, luego en cine, hice acompañado de Pedro Infante: AHI VIENE MARTÍN CORONA. Todo mundo sabía que Pedro interpretaba a Martín, pero no sabían el nombre del actor que "la hacía" de Piporro por lo que me siguieron llamando y anunciando así. En todos los diccionarios de lengua española se define como Piporro al instrumento musical de voz grave, o botija de vino -No sé qué "me sabrían"-.
¿A qué dedica su tiempo?
A esto, lo otro y lo demás, si algo quedó no contemplado, me doy tiempo y también lo hago.
De sus películas, ¿cuál es la que más lo enorgullece y por qué?
Todas las hice con cariño, unas buenas, otras regulares, pero sinceramente me dió gusto hacerlas.
Actualmente, ¿cuál es su película favorita?
Como los hijos, aunque distintos, a todos los quiero por igual.
Si no hubiera sido actor, ¿qué profesión le habría gustado ejercer?
Fuí tantas cosas antes de ser actor, pero eso sí, al abrazar esta carrera, me permitió ser muchas personas en un solo individuo.
¿A quién admira y por qué?
A todos los que se dedican a esta actividad (actuación). Por ser "otros".
¿Qué libros recomienda?
Primero les pediría que adquieran la afición de leer. Todos los libros nos dicen algo, ajeno o propio.
¿Qué opina sobre el estereotipo del norteño en México?
El Piporro de Martín Corona, el de El Rey del Tomate, El de Torero por un Día, el de El Bracero del año, y el tantas películas, siempre ha sido distintos psicológicamente, sin embargo, hay gentes que tienen ojos y no ven, u oídos que no oyen, por eso aluden al ESTEREOTIPO. Para muchos hay Yucatecos, Norteños, Chilangos...en fin.
¿Qué música escucha actualmente?
Ustedes saben que hay música buena, y bueno...MÚSICA. Me gusta toda la Música, lo que la "afea" son las letras.
¿Cuál es su postura ante los narcocorridos?
Sí ustedes se toman la molestia de analizar los corridos que he interpretado, míos o ajenos, siempre he sido un "dismitificador" de los "héroes" de los mismos. Por los del género que me preguntas, creo que los interesados en hacerlos o escucharlos son otros.
¿Cuál es su opinión acerca de programas como La Academia?
No me atrevo a opinar por que no veo tales "productos".
Es sabido que uno de sus pasatiempos es navegar en Internet, ¿cuántas horas pasa conectado?
Las que puedo.
Cuando chatea, ¿qué nick utiliza?
No "chateo" porque no soy CHATO... ¡pero las huelo! Uso varios para que en la "bola" no se llegue a saber.
¿Todavía le da al Taconazo?
Nunca he sido "bailarín", es más, tampoco "bailador" pero lo que hice intuitivamente me valió, ha habido muchos imitadores "de mis pasitos". Sigo bailando -los ojos de perdido- sólo por darle gusto a quienes me lo piden.
MUCHAS GRACIAS POR SU "INTERVIEW". ¿Me puedo despedir en inglés?... ¡AHI NOS VEMOS RAZA!
10.27.2010
Trece
*Doce historias casi falsas y una verdadera. Fueron escritas hace un año y las pongo aquí sólo por motivos de respaldo.
I. Cien Años de Sobriedad.
“Mi nombre es Oswaldo, y soy un alcohólico.” Se escucharon palabras de ánimo. Era el día 97 que vivía completamente sobrio.
El grupo de Alcohólicos Anónimos 24 Horas, ubicado en Yáñez y Veracruz, era frecuentado por unas seis personas, todos hombres, la mayoría con más de cuarenta años. A veces iban jóvenes, pero en cuestión de días reincidían en la bebida.
“Hoy es un día muy especial”, continué. “Tras casi cien días de mantenerme lejos del alcohol, he sacado de mi vida todos los problemas que me acarreaba. Me alejé, por fin, de todas esas malas amistades que sólo están allí para corromper el alma. Ahorré dinero. Llego temprano y lúcido todos los días al trabajo. Y aún así, mi vida sigue siendo miserable. Voy por una pinche caguama.”
II. La Buena Educación.
Es una verdad por todos conocida que es más fácil enseñarle a hablar a un perico que a un niño.
Estábamos varados sin poder ir a la fiesta. La hermana del Cuate nos había dejado encargado a su niño de casi dos años y no regresaba. Nos enteramos que la mamá del vástago tenía semanas queriendo enseñarle sus primeras palabras al regordete y pequeño sujeto: Papá, Mamá, eran la consigna que debía aprender.
Para ocupar el tiempo y buscando venganza ante la irresponsabilidad de la mujer ante nuestros planes etílicos, intentamos darle cátedra del lenguaje al niño.
Días más tarde, nos enteramos que nuestra técnica pedagógica fue superior a la de la madre. El chamaco dijo su primera palabra en una reunión familiar: “Pucha”.
III. Parte Policiaco.
Cuando llegué al lugar, el carro estaba semidestruido, los paramédicos atendían a la anciana atropellada. El conductor, de entre 25 a 30 años, se jalaba los cabellos y tallaba su cara con las manos. Un policía lo interrogaba.
“Yo vi todo”, dijo el teporocho, recargado en una pared cercana y con una excelente vista de la escena. ”La ñora se le aventó al carro y el chofer trató de sacarle la vuelta, ¿sabes cómo?, y por eso se estrelló contra el poste de teléfonos”.
El radiador del Intrepid verde aún arrojaba vapor. Decenas de curiosos interrumpieron su habitual mañana de domingo para ver si la viejita sobreviría.
El alcohólico del barrio polvoso en el norte de Hermosillo seguía con su perspectiva de los hechos: “La doña ya tenía varios días en esa esquina esperando que un carro se la llevara.”
Luego le dio un duro trago a su caguama y dijo con mucha seguridad: “Si la arma, no la vuelvo a maltratar”.
IV. Escudo Humano.
Después de convencerla con hechos de que no se bailar, me dijo que lo único que le interesaba era dejar de pensar que su padre agonizaba en el hospital.
V. La Fuga.
La celda estaba llena. Algo común para un sábado en la noche. Los mismos personajes de siempre: el teporocho silencioso, el administrador ebrio que se cree lo que ve en las películas y exige inutilmente su derecho a hacer una llamada, el delincuente capturado robando un estéreo, el lavador de carros que visita barandilla todos los fines de semana y lo toma con total naturalidad.
Yo había sido capturado violando el Bando de Policía y Buen Gobierno de la ciudad. A veces no es buena idea caminar cerveza en mano por la zona más populosa y plagada de agentes policiacos.
Afuera, un amigo, al que recién conocí en el bar, hacía el trámite para mi liberación.
La oscuridad y la inmundicia de las celdas afectaba el ánimo de los presentes, hasta de los guardias. De todos excepto uno: un joven cabeza rapada que fumaba Delicados y contaba chistes para si mismo.
“¿Por qué te agarraron?”, le pregunté para matar el tiempo. “No me agarraron. Yo me entregué. Aquí es el único lugar donde estoy tranquilo”, dijo mientras se levantaba la camiseta tirahuesos y en la semioscuridad se apreciaban dos tatuajes y varias cicatrices, hechas con armas punzocortantes, que presumía con orgullo.
“Me han picado seis veces. No quiero salir, porque el siete es mi número de la suerte.”
VI. Explosiones en el cielo.
Todo mundo hablaba de las luces que se habían visto en el cielo la noche anterior. En realidad fueron pocos los que las observaron, pero la mayoría lo comentaba como si hubieran sido testigos presenciales, como un hecho irrefutable.
Eran dos pares de tres luces muy brillantes, en el este, como a eso de las dos de la mañana. Se encendían aleatoriamente, pero algunos aseguraban que había un patrón.
Las teorías no se hicieron esperar: naves extraterrestres, satélites espía del gobierno de Estados Unidos, un mensaje del dios de los cristianos a su pueblo, seres de otra dimensión queriendo comunicarse con nosotros, visitantes del futuro.
La verdad la conocía solamente Felipe Romero, un experto en iluminación y aficionado a los globos aerostáticos que padecía un severo problema de insomnio.
Pero nadie le preguntó a él.
VII. Motorola.
Perdí mi celular en situaciones extrañas que no quiero, o no puedo, recordar. Estar incomunicado me alejaba de la sociedad, por lo que era necesario hacerme de un nuevo equipo.
Eran tiempos de crisis y sólo contaba con 300 pesos. Justo lo que costaba el Motorola 300e. Pesaba casi medio kilo y era el claro ejemplo de lo que se denomina ladrillo. Al verlo, un conocido me comentó que ese modelo era el que utilizaban los narcos en la sierra norte de Sonora, debido a que eran ilocalizables, tenían excelente recepción de señal y servían como scanner.
Hice la investigación correspondiente y en internet encontré la clave. Tras una serie de números pulsados, podías escuchar conversaciones ajenas, a veces aleatorias, a veces cercanas. Vouyerismo telefónico durante horas, días, imaginando los rostros de los interlocutores.
En una de las llamadas que escuché, una mujer que con voz quebrada le decía a otra: ”Habla Marielos, una amiga tuya me dio tu número. Hace mucho que te estoy buscando. Soy tu mamá.”
VIII. Wild Pitch.
Era la novena entrada, los Naranjeros perdían ante los Yaquis en el séptimo juego de la semifinal. El estadio estaba lleno de
Bateaba el equipo local, era el momento decisivo del juego. El pitcher de Obregón era un sujeto de baja estatura y una pronunciada panza de borracho. La expectación, incertidumbre y esperanza de los aficionados se tornó en un nervioso silencio.
“Dame el altavoz”, le dije a un sujeto que lo usaba para decir peladeces a las mujeres. Apunté la bocina hacia el lanzador y comencé a decirle ofensas: “Pareces perro parado. Llamen a la partera, el pitcher trae cinco de dilatación.”
El pelotero comenzó a desconcentrarse y lanzar las peores bolas de su vida. Esa noche ganó mi equipo y terminó la carrera del serpentinero panzón.
IX. Microbús.
La conocí en la preparatoria. Sus ojos eran verdes aceitunados, le gustaba hablar de figuras decorativas artesanales. Caminábamos largas distancias porque odiaba usar el transporte público y coleccionaba piedras que encontraba en la calle.
La último que supe de ella fue que, antes de ser identificado, su cuerpo estuvo en la morgue tres semanas. Murió atropellada por un microbús en la Ciudad de México.
X. Banqueta Gourmet.
Buscábamos un lugar barato para desayunar. En una banqueta encontramos a un sujeto con una canasta vendiendo tacos y burritos. Bajamos del auto, eramos tres, y pedimos alimento.
La carne no tenía el sabor que uno acostumbra paladear, era dulce, tierna, e incluso el color era distinto a lo normal. La incertidumbre me llevó a comer sólo un taco, mientras mis amigos se atascaban de toda la variedad que el hombre de bigote ofrecía.
Pagamos. El taquero dijo que iría por feria al interior. Fumaba un cigarrillo cuando me percaté del lugar al que entró y que era el otro negocio del sujeto. Un discreto letrero anunciaba: “Veterinaria Martínez. Especies pequeñas.”
Misteriosamente, esos tacos no duraron más que unos cuantos días.
XI. Dama de Honor.
Pasé por ahí como a las nueve de la mañana. El lugar parecía haber sido un escenario de guerra, un desmadre de botes vacíos de cerveza, sillas tiradas, charcos, basura por toda la casa.
La habitante del lugar, una mujer de 21 años, estudiante universitaria, trataba de recapitular lo sucedido mientras vivía una horrible cruda.
Todo era científicamente explicable, excepto la identidad de la morra que estaba dormida en el sillón. Usaba vestido de noche y zapatillas. Roncaba.
Esperamos a que despertara, incluso hacíamos ruidos para ver si se levantaba y nos revelaba el misterio del ramo de novia que abrazaba.
Pasaron los minutos, hasta que despertó, volteó hacia todos lados y antes de que pudieramos decir una sola palabra, abandonó el lugar.
XII. Mirada de Mujer.
La música era tan alta que atrofiaba todos los sentidos. Decenas de borrachos observaban a mujeres bailar frenéticamente con rock de los noventa y luego desnudarse al ritmo de melodías lentas.
Había perdido en el billar y sólo me quedaba estar ahí sentado mientras los demás jugaban, cerveza en mano viendo las danzas femeninas y escuchando los improperios de los ebrios que se gastaban dinero que luego les reclamarían sus esposas.
Fue entonces que subió. En la semioscuridad del sitio creí que la vista me engañaba, pero luego comprobé que era la teibolera más exótica que he visto. No era extranjera, ni muy voluptuosa. Buena pierna, senos amigables, cabellera un poco rubia, piel clara. Una mujer estándar para el negocio, excepto por un sorprendente detalle: era bizca.
Su estrabismo era pronunciado, pero no se intimidaba en sus movimientos y lanzaba miradas perdidas y sonrisas amistosas hacia donde había grupos de personas. Culminó su rutina. No recuerdo cómo eran sus pezones, pero sus ojos eran inolvidables, el ojo izquierdo cargado hacía el centro. Cuando pasó cerca de mí, me sonrió.
Nunca supe si ella creyó que yo tenía un gemelo.
XIII. El Milagro Secreto.
Había llovido, algo raro en esta calurosa ciudad, ese día regresaba a casa en bicicleta y atravesé charcos y corrientes acuosas en las calles. Mis tenis quedaron empapados.
A la mañana siguiente, noté una sensación extraña en la planta del pie derecho. Era una especie de cosquilleo que me hizo revisar la parte más baja de mi cuerpo.
Había una mancha oscura, mohosa, como un lunar. Tras unos segundos de observación detenida vi su verdadera forma, era una silueta de la Virgen de Guadalupe. Era perfecta. Su rostro, su vestido, su rostro moreno.
Entonces ocurrió el milagro: el antimicótico actuó de manera inmediata y al día siguiente la figura desapareció.
I. Cien Años de Sobriedad.
“Mi nombre es Oswaldo, y soy un alcohólico.” Se escucharon palabras de ánimo. Era el día 97 que vivía completamente sobrio.
El grupo de Alcohólicos Anónimos 24 Horas, ubicado en Yáñez y Veracruz, era frecuentado por unas seis personas, todos hombres, la mayoría con más de cuarenta años. A veces iban jóvenes, pero en cuestión de días reincidían en la bebida.
“Hoy es un día muy especial”, continué. “Tras casi cien días de mantenerme lejos del alcohol, he sacado de mi vida todos los problemas que me acarreaba. Me alejé, por fin, de todas esas malas amistades que sólo están allí para corromper el alma. Ahorré dinero. Llego temprano y lúcido todos los días al trabajo. Y aún así, mi vida sigue siendo miserable. Voy por una pinche caguama.”
II. La Buena Educación.
Es una verdad por todos conocida que es más fácil enseñarle a hablar a un perico que a un niño.
Estábamos varados sin poder ir a la fiesta. La hermana del Cuate nos había dejado encargado a su niño de casi dos años y no regresaba. Nos enteramos que la mamá del vástago tenía semanas queriendo enseñarle sus primeras palabras al regordete y pequeño sujeto: Papá, Mamá, eran la consigna que debía aprender.
Para ocupar el tiempo y buscando venganza ante la irresponsabilidad de la mujer ante nuestros planes etílicos, intentamos darle cátedra del lenguaje al niño.
Días más tarde, nos enteramos que nuestra técnica pedagógica fue superior a la de la madre. El chamaco dijo su primera palabra en una reunión familiar: “Pucha”.
III. Parte Policiaco.
Cuando llegué al lugar, el carro estaba semidestruido, los paramédicos atendían a la anciana atropellada. El conductor, de entre 25 a 30 años, se jalaba los cabellos y tallaba su cara con las manos. Un policía lo interrogaba.
“Yo vi todo”, dijo el teporocho, recargado en una pared cercana y con una excelente vista de la escena. ”La ñora se le aventó al carro y el chofer trató de sacarle la vuelta, ¿sabes cómo?, y por eso se estrelló contra el poste de teléfonos”.
El radiador del Intrepid verde aún arrojaba vapor. Decenas de curiosos interrumpieron su habitual mañana de domingo para ver si la viejita sobreviría.
El alcohólico del barrio polvoso en el norte de Hermosillo seguía con su perspectiva de los hechos: “La doña ya tenía varios días en esa esquina esperando que un carro se la llevara.”
Luego le dio un duro trago a su caguama y dijo con mucha seguridad: “Si la arma, no la vuelvo a maltratar”.
IV. Escudo Humano.
Después de convencerla con hechos de que no se bailar, me dijo que lo único que le interesaba era dejar de pensar que su padre agonizaba en el hospital.
V. La Fuga.
La celda estaba llena. Algo común para un sábado en la noche. Los mismos personajes de siempre: el teporocho silencioso, el administrador ebrio que se cree lo que ve en las películas y exige inutilmente su derecho a hacer una llamada, el delincuente capturado robando un estéreo, el lavador de carros que visita barandilla todos los fines de semana y lo toma con total naturalidad.
Yo había sido capturado violando el Bando de Policía y Buen Gobierno de la ciudad. A veces no es buena idea caminar cerveza en mano por la zona más populosa y plagada de agentes policiacos.
Afuera, un amigo, al que recién conocí en el bar, hacía el trámite para mi liberación.
La oscuridad y la inmundicia de las celdas afectaba el ánimo de los presentes, hasta de los guardias. De todos excepto uno: un joven cabeza rapada que fumaba Delicados y contaba chistes para si mismo.
“¿Por qué te agarraron?”, le pregunté para matar el tiempo. “No me agarraron. Yo me entregué. Aquí es el único lugar donde estoy tranquilo”, dijo mientras se levantaba la camiseta tirahuesos y en la semioscuridad se apreciaban dos tatuajes y varias cicatrices, hechas con armas punzocortantes, que presumía con orgullo.
“Me han picado seis veces. No quiero salir, porque el siete es mi número de la suerte.”
VI. Explosiones en el cielo.
Todo mundo hablaba de las luces que se habían visto en el cielo la noche anterior. En realidad fueron pocos los que las observaron, pero la mayoría lo comentaba como si hubieran sido testigos presenciales, como un hecho irrefutable.
Eran dos pares de tres luces muy brillantes, en el este, como a eso de las dos de la mañana. Se encendían aleatoriamente, pero algunos aseguraban que había un patrón.
Las teorías no se hicieron esperar: naves extraterrestres, satélites espía del gobierno de Estados Unidos, un mensaje del dios de los cristianos a su pueblo, seres de otra dimensión queriendo comunicarse con nosotros, visitantes del futuro.
La verdad la conocía solamente Felipe Romero, un experto en iluminación y aficionado a los globos aerostáticos que padecía un severo problema de insomnio.
Pero nadie le preguntó a él.
VII. Motorola.
Perdí mi celular en situaciones extrañas que no quiero, o no puedo, recordar. Estar incomunicado me alejaba de la sociedad, por lo que era necesario hacerme de un nuevo equipo.
Eran tiempos de crisis y sólo contaba con 300 pesos. Justo lo que costaba el Motorola 300e. Pesaba casi medio kilo y era el claro ejemplo de lo que se denomina ladrillo. Al verlo, un conocido me comentó que ese modelo era el que utilizaban los narcos en la sierra norte de Sonora, debido a que eran ilocalizables, tenían excelente recepción de señal y servían como scanner.
Hice la investigación correspondiente y en internet encontré la clave. Tras una serie de números pulsados, podías escuchar conversaciones ajenas, a veces aleatorias, a veces cercanas. Vouyerismo telefónico durante horas, días, imaginando los rostros de los interlocutores.
En una de las llamadas que escuché, una mujer que con voz quebrada le decía a otra: ”Habla Marielos, una amiga tuya me dio tu número. Hace mucho que te estoy buscando. Soy tu mamá.”
VIII. Wild Pitch.
Era la novena entrada, los Naranjeros perdían ante los Yaquis en el séptimo juego de la semifinal. El estadio estaba lleno de
Bateaba el equipo local, era el momento decisivo del juego. El pitcher de Obregón era un sujeto de baja estatura y una pronunciada panza de borracho. La expectación, incertidumbre y esperanza de los aficionados se tornó en un nervioso silencio.
“Dame el altavoz”, le dije a un sujeto que lo usaba para decir peladeces a las mujeres. Apunté la bocina hacia el lanzador y comencé a decirle ofensas: “Pareces perro parado. Llamen a la partera, el pitcher trae cinco de dilatación.”
El pelotero comenzó a desconcentrarse y lanzar las peores bolas de su vida. Esa noche ganó mi equipo y terminó la carrera del serpentinero panzón.
IX. Microbús.
La conocí en la preparatoria. Sus ojos eran verdes aceitunados, le gustaba hablar de figuras decorativas artesanales. Caminábamos largas distancias porque odiaba usar el transporte público y coleccionaba piedras que encontraba en la calle.
La último que supe de ella fue que, antes de ser identificado, su cuerpo estuvo en la morgue tres semanas. Murió atropellada por un microbús en la Ciudad de México.
X. Banqueta Gourmet.
Buscábamos un lugar barato para desayunar. En una banqueta encontramos a un sujeto con una canasta vendiendo tacos y burritos. Bajamos del auto, eramos tres, y pedimos alimento.
La carne no tenía el sabor que uno acostumbra paladear, era dulce, tierna, e incluso el color era distinto a lo normal. La incertidumbre me llevó a comer sólo un taco, mientras mis amigos se atascaban de toda la variedad que el hombre de bigote ofrecía.
Pagamos. El taquero dijo que iría por feria al interior. Fumaba un cigarrillo cuando me percaté del lugar al que entró y que era el otro negocio del sujeto. Un discreto letrero anunciaba: “Veterinaria Martínez. Especies pequeñas.”
Misteriosamente, esos tacos no duraron más que unos cuantos días.
XI. Dama de Honor.
Pasé por ahí como a las nueve de la mañana. El lugar parecía haber sido un escenario de guerra, un desmadre de botes vacíos de cerveza, sillas tiradas, charcos, basura por toda la casa.
La habitante del lugar, una mujer de 21 años, estudiante universitaria, trataba de recapitular lo sucedido mientras vivía una horrible cruda.
Todo era científicamente explicable, excepto la identidad de la morra que estaba dormida en el sillón. Usaba vestido de noche y zapatillas. Roncaba.
Esperamos a que despertara, incluso hacíamos ruidos para ver si se levantaba y nos revelaba el misterio del ramo de novia que abrazaba.
Pasaron los minutos, hasta que despertó, volteó hacia todos lados y antes de que pudieramos decir una sola palabra, abandonó el lugar.
XII. Mirada de Mujer.
La música era tan alta que atrofiaba todos los sentidos. Decenas de borrachos observaban a mujeres bailar frenéticamente con rock de los noventa y luego desnudarse al ritmo de melodías lentas.
Había perdido en el billar y sólo me quedaba estar ahí sentado mientras los demás jugaban, cerveza en mano viendo las danzas femeninas y escuchando los improperios de los ebrios que se gastaban dinero que luego les reclamarían sus esposas.
Fue entonces que subió. En la semioscuridad del sitio creí que la vista me engañaba, pero luego comprobé que era la teibolera más exótica que he visto. No era extranjera, ni muy voluptuosa. Buena pierna, senos amigables, cabellera un poco rubia, piel clara. Una mujer estándar para el negocio, excepto por un sorprendente detalle: era bizca.
Su estrabismo era pronunciado, pero no se intimidaba en sus movimientos y lanzaba miradas perdidas y sonrisas amistosas hacia donde había grupos de personas. Culminó su rutina. No recuerdo cómo eran sus pezones, pero sus ojos eran inolvidables, el ojo izquierdo cargado hacía el centro. Cuando pasó cerca de mí, me sonrió.
Nunca supe si ella creyó que yo tenía un gemelo.
XIII. El Milagro Secreto.
Había llovido, algo raro en esta calurosa ciudad, ese día regresaba a casa en bicicleta y atravesé charcos y corrientes acuosas en las calles. Mis tenis quedaron empapados.
A la mañana siguiente, noté una sensación extraña en la planta del pie derecho. Era una especie de cosquilleo que me hizo revisar la parte más baja de mi cuerpo.
Había una mancha oscura, mohosa, como un lunar. Tras unos segundos de observación detenida vi su verdadera forma, era una silueta de la Virgen de Guadalupe. Era perfecta. Su rostro, su vestido, su rostro moreno.
Entonces ocurrió el milagro: el antimicótico actuó de manera inmediata y al día siguiente la figura desapareció.
10.06.2010
De cuando era reportero de la policiaca.
Mi paso por la nota roja fue muy atípico. La ruta normal es terminar una licenciatura en comunicación o periodismo y entrar al mercado laboral como reportero, cubrir varias fuentes, talonearle duro y con el paso de los años y con la experiencia necesaria ser editor de alguna sección.
En mi caso, fue al revés. Terminé la escuela y trabajé durante dos años en una agencia de publicidad. Luego me integré a un periódico como editor de la sección deportiva, cuando en mi vida jamás había reporteado oficialmente. Pasé por varias secciones, la internacional y la local, en la que tuve la oportunidad de editar la sección policiaca.
Soy fan de la nota roja. Es la fuente más real, son las noticias de verdad. La policiaca informa sobre hechos, accidentes, muertes, actos heroicos, sucesos que marcan la vida de los protagonistas. A diferencia de las otras secciones, donde todo es un mundo imaginario de declaraciones tras declaraciones, que son igual de consistentes y efímeras que el humo de un cigarrillo.
Dejé la edición y tras unos meses de asueto, regresé a reportear las notas policiacas.
El reportero policiaco es el único que no tiene una agenda clara, no se sabe que es lo que ocurrirá en el día, ni dónde, ni a qué hora.
Esa temporada fui testigo de las tragedias: el accidente automovilístico en el que mueren padre e hijo (el Día del Padre), el incendio que deja en la calle a una familia, el marido que mata a su esposa por celos, el doble suicido por un amor incomprendido, la niña que muere electrocutada por vivir en la pobreza, los ajustes de cuentas, los policías y criminales ejecutados...
También vi el heroísmo. El vecino que salva a un niño del ataque de un perro, bomberos que, por un salario miserable, llenan su cuerpo de cicatrices por salvar el patrimonio de desconocidos, la mujer que no llega al hospital y pare en el camión con ayuda de gente que nunca volverá a ver.
Y por supuesto, los criminales cuyos delitos son ejemplo del humor más fino. Asaltantes que olvidan ponerle gasolina a su carro, defraudadores incapaces de inventar una historia creíble, borrachos que creen que las reglas no aplican para ellos, funcionarios públicos que desconocen la realidad.
Dicen que la policiaca es la "sociales de los pobres" y es una gran verdad. La mayoría de los sucesos de la nota roja tienen como protagonistas a los marginados, la gente que vive en las periferias.
Y no es porque los pobres sean más violentos, es porque son quienes más llaman a la Policía. A la mujer de la colonia acaudalada también le pega el marido, pero por convencionalismos sociales ni ella ni la vecina marcarán al 066 para denunciar la violencia.
Los ricos también roban, para gastar en cocaína, cobijados por la impunidad, mientras el pobre se enfrenta en un duelo a muerte con los policías tras robar dos kilos de cobre para venderlo y satisfacer su adicción al crystal.
Cada día, escondidos de las vidas tranquilas y autómatas de la clase media, suceden todas estas historias de pasiones, muerte y violencia, que muestran lo más bajo y también lo más noble de la condición humana. Y es un gran privilegio ser testigo cercano de todo esto al cubrir la policiaca.
10.05.2010
Sobre como ligar con ayuda de tus amigos gays.
Una de las principales ventajas de salir a la peda con tus amigos gays es que cuando aparece una buena nalguita no existe la competencia cavernícola que es común entre batos, esa de ver quién triunfa con la morrita y termina espantándolas a todas, convirtiendo las borrachera en un cruel Club de Toby.
Pero, si vas con tus amigos fans del homoerotismo y empiezas a ligarte a una morra, cuentas con el apoyo de un equipo logístico que sabe caerle bien a las mujeres y las mantendrá bien entretenidas cuando vayas por más alcoholes. Mientras estás con la tranquilidad de que tus compas jamás intentarán darte gane, sencillamente porque ¡les dan asco las vaginas!
Una gran verdad poco compartida es que uno de los lugares más adecuados para apañarte con facilidad una piel femenina son los bares gay. No es chiste, los argumentos a continuación.
Cuando vas a un bar gay descubres dos cosas: primero, que es sencillo ser tolerante y no tiene nada malo que dos cabrones se besen mientras bailan con lujuria. Y segundo, y mucho, mucho, mucho más importante, que los gays siempre llevan a sus amigas buenas a esos lugares. Siempre.
Las amigas de los gays en un bar del arco iris son un mercado poco explotado y son viejas que se pueden abordar con increíble facilidad. Llegas, platicas, bailas, la morra no andará a la defensiva porque de inicio creerá que te gusta la cara de bala. Pero luego le vas soltando la verdad (de que lo tuyo son las chichis y nalgas, no los falos).
Para la mayoría de las viejas, son puntos a favor de uno el tener los huevos de acompañar a tus amigos maricones a bailar (pero eso sí, nunca hay que jotear de más para no enviar una mala señal).
Si la dama que traes entre ojos se ve medio difícil y a la defensiva, utilizas una vieja técnica de guerra: mandas a tus compas homosexuales a romper el hielo y comenzar la plática sabrosa. Luego llegas, te acoplas a la situación y tus amigos cumplen el digno papel de wingman.
Para el caso de los amigos de la morra, es importante señalar que la mayoría de los gays no son cockblockers con sus amigas, al contrario, mejor para ellos si te la llevas lejos, para así poder irse a gusto a recibir reata, sabiendo que su amiga también triunfó.
Si además de cotorrear con tus amigos jotos, compartes departamento con un sodomita, mucho mejor.
Si todo salió bien y conseguiste llevarte una piel a tu colchón, asegurate de que le quede bien claro de que compartes depa con güeyes a los que no les gustan las mujeres. Así, tu amiga puede hacer ruido con toda confianza, incluso se lo puedes indicar, "ni modo que estos dudes se exciten", una frase muy certera.
A la mañana siguiente, cuando tu jale quiera ir al baño pero oiga voces afuera del cuarto, le dices que puede salir en calzones con toda confianza y nadie la verá con lujuria. Aunque no lo crean, eso le da un chingo de confianza a las viejas. Luego regresan al cuarto y te evitan la hueva de quitarles la ropita una vez más.
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