11.17.2012
El final del Héctor Espino
Que lo tumben.
No es necesario tener dos estadios de beisbol de esa capacidad.
Que lo conviertan en espacio público.
En un mundo ideal, sería demolido y se contruirían espacios públicos deportivos y de esparcimiento. En el mundo real, lo demolerán y construirán un centro comercial.
No era necesario un estadio nuevo.
Con una buena inversión en remodelación, el Héctor Espino quedaría en perfectas condiciones.
El nuevo estadio está bien pinche lejos.
La principal ventaja del Héctor Espino era su ubicación, está en un punto céntrico al que es fácil de llegar. El nuevo estadio está siendo construido en las afueras de la ciudad. Ganarán afición del poniente de Hermosillo, pero perderán aficionados del norte de la ciudad, especialmente quienes no tienen carro.
11.07.2012
Rieles
Soy de la generación que conoció los trenes. Cuando era niño, me entusiasmaba viajar, no por los destinos, sino por subirme a esa imponente máquina donde uno podía recorrer de punta a punta observando a la gente y escuchando el sonido del metal sobre los rieles.
Nunca pedía juguetes a mis padres, ellos decidían, no sé si batallaban para elegir qué regalarme en mi cumpleaños y otras fechas del calendario de regalos. Lo común era que me comprarán música, discos de vinil y de colores con música para niños.
Pero hubo un momento, no sé si fue Navidad, mi cumpleaños o simplemente un gran día, que llegó mi padre con una caja. No tenía moño ni estaba envuelto en papel colorido. Era un tren. Locomotora, tres vagones y el cabús. Decenas de tramos de vías que armé y desarmé durante miles de horas. Formaba nuevas rutas, fabricaba túneles con cajas de zapatos, paisajes con sillas, sillones, y cualquier objeto presente en la casa.El tren no era un juguete, era el motivo para construir la ciudad, el campo y lugares fantásticos en los que gatos gigantes ponían en riesgo la vida de pasajeros, que junto a mí, siempre viajaban gratis en el ferrocarril.
No sé cuál fue el último destino de ese tren, desapareció como sus similares de cientos de toneladas.
Hoy ya no venden trenes de juguete, como si alguien quisiera borrarlos de nuestras memorias.
*Originalmente lo publiqué en el Taller Sabatino.
10.27.2012
Ciencia y ficción
Listado de mis películas de ciencia ficción favoritas y una breve sinopsis de cada una.
Blade Runner
Todos esos recuerdos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. -Un androide
2001
La evolución del ser humano y de las máquinas está en una luna de Júpiter.
Prometheus
Los principales conflictos de la ciencia y un robot que se tiñe el cabello.
Solaris
La 2001
District 9
El problema de la inmigración y el racismo hacia una especie extraterrestre en Sudáfrica.
Moon
Estar chambeando solo en la Luna no es algo fácil. Ni solitario.
Brazil
La burocracia existirá en el futuro; también las fantasías.
The Matrix
La realidad es un programa de computadora.
28 Days Later
Cuando ocurra el apocalípsis zombi hay que protegerse más de los humanos sanos.
Children of men
Si dejáramos de reproducirnos de cualquier forma seguríamos matándonos.
Eternal sunshine of the spotless mind
Se pueden borrar recuerdos del cerebro, pero no del corazón.
Inception
Los sueños se mueven a distintas velocidades.
12 Monkeys
Viajar por el tiempo no es elegante y te deja sin dientes.
1984
No se trata del comunismo.
Viaje a la Luna
Un grupo de sabios va al satélite a madrear a los indígenas.
Wall-E
Un robot solitario conoce el amor.
Contact
Las demás civilizaciones están muy lejos.
They Live
Están entre nosotros y son los que mandan.
Strange Days
Google Glass Project visualizado en 1995.
10.26.2012
Garibaldi.
10.14.2012
Los legendarios pericos de la San Benito
La primera vez que los vi fue por allá en 2001, caminaba por una de las calles de la colonia San Benito, en Hermosillo, un extraño parloteo me hizo levantar la mirada y en las ramas más altas de un árbol miré un par de pericos, verdes con algunas plumas rojizas en la cola.
Pinches pericos se escaparon de alguna casa, pensé, y deduje que era la única explicación para que esas aves tropicales estuvieran allí, en esa ciudad desértica en la que las temperaturas son aptas sólo para reptiles y humanos masoquistas.
Pasaron los días y meses, y en esas caminatas por las tardes entre la universidad y el apartamento, la visión de los pericos se hizo más común, hasta que llegó el verano y desaparecieron.
Dos años más tarde, volví a escucharlos. Esa vez era una parvada. Una decena de escandalosos puntos verdes voladores que atravesaban la calle Reyes. Ya no era una casualidad, un grupo de loros habitaba los árboles de la San Benito, una colonia antigua que comenzaba a convertirse de un lugar habitado por viejitos cuyos hijos abandonaron el nido a una zona comercial.
Ver un perico ya no es algo común, antes era normal que se tuvieran como mascotas, la gente les enseñaba a repetir palabras, especialmente las altisonantes, o a chiflarle a las muchachas cuando estas pasaban por la banqueta. Hoy es delito federal grave poseer y comercializar un perico, aunque en este país muchos delitos son costumbre.
Comencé a imaginar el origen de estas especies que obviamente no son endémicas del desierto infernal. Tal vez los primeros escaparon de una casa en la que los dueños no cometieron la barbarie de cortarles las alas. Tal vez se van y regresan como una tradición para honrar los prófugos que fundaron la colonia.
En El buen ejemplo, un cuento del siglo XIX, Vicente Riva Palacio habla de un perico que era mascota de don Lucas, un maestro de una escuela rural en la selva mexicana, y el ave aprende igual que los niños a combatir la ignorancia, hasta que un día escapa para fundar su propia escuela con los pericos del sur de México.
Desconozco el origen y los motivos de los pericos para establecerse la San Benito, porque son territoriales y no se les ve en otras colonias, aunque una vez vi una pareja de loros en la cima de un árbol de mango cerca del Seguro Social de la Juárez y en algunas cuadras de la colonia Balderrama. Y me han dicho que los han visto también en la modelo.
Mucha gente duda de su existencia, hasta que los escucha y los ve. Parece inverosímil que en esta ciudad se cuente con animales silvestres.
Una vez, en una fiesta, alguien contó que por allá a fines de los años noventa, sus abuelos, que vivían por las calles cercanas a la Universidad de Sonora, en la afamada San Benito, tenían un par de pericos y que estos escaparon una noche que olvidaron cerrar la jaula después de darles de comer. Posiblemente nunca sabré si esos pajarracos fugitivos fueron Adán y Eva de la comunidad, pero me gusta pensar que los legendarios pericos de la San Benito siempre regresarán a honrar su memoria.
10.01.2012
Sobre los escritores profesionales
- Todos tienen un lugar para escribir, un lugar donde nadie los interrumpe. Algunos tienen un estudio en su casa, o cerca de ella, otros acuden a un café (nunca Starbucks) donde tienen su silla y su rincón en el que pueden pasar horas concentrados.
- Leen mucho. Se nota por la gran cantidad de libros en sus estudios y por las referencias que realizan cuando hablan.
- Tienen una gran facilidad de palabra.
- Miran muchas películas. Parece que es su principal afición después de escribir y leer.
- Dominan algunos temas específicos de las ciencias exactas que parecería no tienen qué ver con la literatura (biología, matemáticas, economía, etc).
- Viajan mucho.
La flaca.
Me la mataron. Pinches chotas no valoran la vida.
Tres años anduvo conmigo. Me la encontré en Mazatlán, la última vez que regresé del atún.
Una vez mordió a una doñita, pero no era brava.
La semana pasada estaba en el parque del Mundito, porque ya no nos dejan entrar al parque Madero. Llegaron los mulas y me quisieron levantar.
La Flaca se puso roñosa y le ladró al policía. El culero le pegó un patadón en la cabeza.
Algo le movió, porque estuvo convulsionándose un rato.
No la libró.
El pinche perro se fue riendo.